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Sábado 12 Junio de 2021

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Star Wars episodio III: la venganza de los Sith

Imagen de Star Wars episodio III: la venganza de los Sith

ESTRENO: 24/05/2013

DIRECCIÓN: George Lucas

REPARTO: Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Ian McDiarmid, Samuel L. Jackson, Christopher Lee...

www.starwars.com


SINOPSIS:

La ley dice que cuanto mejor es el malo, mejor es la película. Por eso y a pesar de los, para muchos, decepcionantes nuevos episodios, los seguidores de la saga galáctica de George Lucas mantenemos las expectativas. Y es que la sexta entrega de la serie, tercera en orgen cronológico, nos devuelve a Darth Vader. Entre combates espaciales, épicos duelos sable láser en mano y el descomunal despliege de efectos digitales que caracteriza a la nueva trilogía, asistimos a la caida de Anakin en el lado oscuro, forzado a elegir entre perder a su amada o vender el alma a cambio del poder necesario para salvarla. Ya sabemos cómo acaba la historia, sólo nos queda verlo y comprobar si Lucas nos ha preparado alguna sorpresa.


Crítica

por Julián García (El Periódico)

Definitivamente descarriado, arrebatado sin remedio por el lado oscuro de la Fuerza, Anakin Skywalker arroja al fuego la espada de jedi atribulado para transformarse en uno de los villanos más fieros, tenebrosos y temibles de la historia del cine: Darth Vader. La venganza de los Sith, última entrega del fresco galáctico urdido por George Lucas durante casi 30 años, revela, al fin, las razones de la transformación de un joven engreído, pero de buen cuajo, en un abracadabrante apóstol del Mal. En el mismísimo diablo vestido de negro.

El gran ciclo de las galaxias llega a su fin. Y se bate en retirada desplegando una suntuosa alfombra roja y descolgando quijadas de admiración. La venganza de los Sith es el episodio que los viejos fans de la serie siempre soñaron en sus tránsitos nocturnos al hiperespacio a los mandos del Halcón Milenario, abrazados a la felpa de Chewbacca. Un cierre, clic, tenebroso y violento, cargado de elementos de la tragedia clásica, pero provisto también de la magia infantil y el espectáculo de las primeras entregas, que eran las buenas de verdad y no los remedos patilleros y anabolizados con tecnología digital de La amenaza fantasma (1999) y El ataque de los clones (2002).

No esperen sorpresas de peso en el argumento de La venganza de los Sith, puesto que se trata del tercer episodio de una serie de seis, así que la trama precede a la de la seminal y archiconocida La guerra de las galaxias (1977). O sea, que, fundamentalmente, ya sabemos en qué acaba la película: que el joven Anakin Skywalker (Hayden Christensen), seducido por el Mal, se tirará a los brazos del lado oscuro de la fuerza y se convertirá en el atroz lord de la máscara negra y la voz asmática; y que los hijos gemelos que tendrá con la senadora Amidala (Natalie Portman) serán separados al nacer para alejarlos de su influjo; uno será Luke Skywalker y el otro, la princesa Leia. Prometo que contándoles esto no les he chafado la película. Palabra.

Porque en realidad La venganza de los Sith versa sobre las razones de que Anakin se deje camelar por el Mal, siendo como es el jedi predestinado a mantener el equilibrio de la Fuerza en la galaxia. El gran protagonista de la serie galáctica no es, por tanto, Luke Skywalker ni Obi Wan Kenobi ni Han Solo. Éste no es otro que Anakin y su lóbrego alter ego, víctima del amor arrebatado, la presuntuosidad juvenil y la ambición desmedida.

Contra pronóstico, dados los precedentes (indigestos, innombrables, infumables) de las dos entregas anteriores, Lucas ha echado el resto en el cierre del ciclo. La venganza de los Sith no sólo funciona como uno de los capítulos más rutilantes y completos de la serie (acaso el mejor, en competencia con El imperio contraataca), sino como magnífico filme de género. Al igual que Anakin, Lucas elige también el lado oscuro, buceando 1en los mecanismos de la manipulación y la mentira, en la pérdida de la amistad y la traición; en los entresijos, en suma, de la mezquindad humana y la corrupción del alma. "Es la primera película de la saga realmente adulta", sentencia el productor del filme, Rick McCallum.

La venganza de los Sith ofrece, además, un nutritivo (e inesperado) subtexto político. Quién iba a decir que, de entre las líneas del guión, emergería un holograma del mismísimo George Bush. La trama es simple: la democrática República está en peligro a causa de la guerra que mantiene con el malvado conde Dooku (Christopher Lee). Pero la guerra, en verdad, es una farsa, y el auténtico enemigo está en casa. Y ése no es otro que el canciller Palpatine (Ian McDiarmid), que parece bueno pero no lo es: de cara a la galería es el líder del Senado, pero en realidad es el malísimo Darth Sidious, cuya pretensión es convertir la galaxia en un imperio global de talante inequívocamente fascista. "Cuando escribí la historia no existía Bush. La escribí pensando en Nixon, durante Vietnam. Me llama mucho la atención cómo terminan las democracias y la gente acepta a un dictador. La escribí pensando en Julio César, Napoleón y Hitler", afirma Lucas. Habrá que creerle.

Historia trágica de un amor desaforado e imposible, indagación en la margen lóbrega del corazón, La venganza de los Sith es también --faltaría más-- un monstruoso entretenimiento palomitero para no mover el culo de la silla en dos horas y media. Los primeros 30 minutos, trepidantes, centrifugadores, desaconsejan el parpadeo. El cierre, grave y solemne, permite encajar el mecano de la primera trilogía con las de la segunda. Y eso que parecía imposible que el look pastel y digitalizado de las dos últimas entregas pudiera enlazar con el aire retrotecnológico de las tres primeras. Tras una espléndida --por inapreciable-- transición (las naves espaciales, los trajes, la música, incluso los personajes), el cierre de La venganza de los Sith ejerce de eslabón casi perfecto con la primera secuencia de La guerra de las galaxias.

Sí. La del crucero imperial de Darth Vader persiguiendo a la pequeña nave de la princesa Leia, líder del movimiento rebelde. Pero ésa ya es otra historia, de hace mucho, mucho tiempo.

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