El Periódico de Catalunya

Miércoles 05 Agosto de 2020

On Barcelona

Obaba

Imagen de Obaba

ESTRENO: 24/05/2013

DIRECCIÓN: Montxo Armendáriz

REPARTO: Bárbara Lennie, Pilar López de Ayala, Juan Diego Botto, Eduard Fernández, Peter Lohmeyer, Lluís Homar...

www.altafilms.com


SINOPSIS:

Lourdes, una estudiante de cine de 25 años, llega a Obaba cámara en mano dispuesta a atrapar la realidad del pueblo y sus gentes. Quiere captar el presente, mostrarlo tal como es, pero Obaba se revela como un territorio lleno de misterio y sorpresas. La naturaleza que les rodea, el pasado y la tradición, las historias vividas, conforman un puzzle tan imposible de armar como apasionante.
El director navarro Montxo Armendáriz vuelve a la aldea (Tasio, Secretos del corazón) para ponee imágenes a los Cuentos de Obaba del escritor Bernardo Atxaga. Un Mil y una noches "a la vasca", lleno de magia y lirismo.


Crítica

por Quim Casas (El Periódico)

La naturaleza de las imágenes de Obaba es bastante distinta de la de anteriores películas de su director, el navarro Montxo Armendáriz. La segunda secuencia del filme es un buen ejemplo: una chica que en la escena previa habla frente a su cámara de vídeo, Lurdes (excelente Bárbara Lennie), circula de noche por una carretera llena de curvas que atraviesa un frondoso bosque en dirección al pequeño pueblo de Obaba.

La cámara se encuentra dentro del automóvil, de modo que es el espectador, con la protagonista, quien se va sumergiendo en el hermoso y al mismo tiempo un poco sobrecogedor escenario natural, débilmente iluminado por las sombras que proyectan los faros del coche al rebotar contra los árboles o los recodos de la carretera.

De pronto, al salir de una de las curvas --casi 200--, se topa con un coche detenido. A la izquierda aparece un hombre, Ismael (Héctor Colomé), de quien poco después sabremos que es el propietario del hostal del pueblo. La joven, tras preguntarle si falta mucho para llegar a Obaba, observa que en las manos tiene un pequeño lagarto. Le da las gracias y sigue en dirección al pueblo mientras la música de fondo se torna en un sonido brumoso que alerta de la inminencia de cosas extrañas. La entrada en Obaba tiene algo de irreal, como si la localidad fuera más un sueño que una realidad, un estado de ánimo más que una amasijo de casas y calles.

Obaba, basada en el libro del novelista Bernardo Atxaga Obabakoak, no es ni mucho menos una película de terror o de suspense. Pero, por momentos, el largometraje de Armendáriz transmite una atmósfera inquietante que es muy coherente con la naturaleza de lo que trata, con la naturaleza consecuente de sus excelentes imágenes.

Puede que esta incursión en los dominios de la intimidad rural, en un estilo muy distinto del mostrado por Armendáriz en Tasio y Secretos del corazón --repleto de respeto por las creencias y costumbres del pasado a la vez que crítico con los signos atávicos que presidieron aquel tiempo pretérito--, sea la mejor película del director. Posee un extraño lirismo y un sesgo muy emotivo, como bien saben los que conocen el libro de Atxaga, y armoniza con notable precisión los distintos relatos que toma del texto original.

La acción empieza en el tiempo presente, cuando Lurdes llega a Obaba con la intención de rodar un documental. Se trata de una práctica para la escuela de cine en la que está estudiando, pero el ejercicio se rebela rápidamente como algo más apasionante por la sencilla razón de que Obaba encierra misterios e incógnitas que Lurdes no podía ni imaginar.

La película se construye con las investigaciones de la muchacha, que es ayudada y arropada sentimentalmente por Miguel (Juan Diego Botto), un joven que dice disponer de todo lo que quiere en esta pueblo que a veces parece anclado en el tiempo, como un menos lírico Brigadoon. A medida que habla con la gente, Lurdes descubre los secretos de algunos personajes ya desaparecidos o aún vivos.

Tres de estas historias son evocadas a lo largo del filme a partir de lo que le cuentan Ismael y la madre de Miguel (Mercedes Sampietro), o que surgen a partir del recuerdo muy gráfico de una ausencia: en uno de los mejores momentos del filme, los adultos supervivientes se colocan en el mismo lugar donde tiempo atrás, en edad escolar, se hicieron una fotografía, y el lugar vacío que deberían ocupar personajes que murieron o se marcharon del pueblo sirve como acicate del recuerdo.

La primera historia se sitúa en los años 50 y se centra en la maestra del pueblo (Pilar López de Ayala), que hace realizar ejercicios de cálculo a los niños poniendo como ejemplo el tiempo transcurrido desde que su novio le envió una última carta. La tristeza que preside esta historia se torna en demencia con el segundo de los relatos, el que atañe a los hermanos Pellot.

No son episodios desgajados el uno del otro, de ahí la armonía de la película en su globalidad. En los pasajes correspondientes a la maestra hemos presenciado un hecho trágico que tiene como protagonistas a dos niños, Marga y Lucas Pellot. El segundo relato está ambientado en 1987, y ahora Lucas aparece con el cuerpo adulto y la mirada alucinada de Eduard Fernández. El tercero lo rememora su propio protagonista, Esteban (Lluís Homar), el hijo de un ingeniero alemán que se instaló en el pueblo y que fue repudiado por el resto de la gente por convivir con una mujer sin haber pasado por la vicaría.

Este tercer pasaje tiene un aire místico y sirve a la perfección, más que el primero, para fijar en la retina del espectador el moralismo y la intolerancia de la época, aunque tratado con enorme sencillez, sin cargar nunca las tintas ni acercarse siquiera el siempre terrible panfleto ideológico.

Todo es mucho más sencillo, y a la vez complejo dada la capacidad de Atxaga, primero, y Armendáriz, después, para ofrecer muchas ideas por personaje y por plano rehuyendo siempre el cliché. De hecho, la historia surge de una idea bastante aterradora, incierta pero posible, y que tiene un gran peso específico en el crepúsculo de la película: la posibilidad de que un lagarto se introduzca por el oído de una persona y vaya devorando poco a poco su cerebro. Eso es lo primero que le cuentan a Lurdes al llegar a Obaba y, a partir de entonces, la historia va devorando uno a uno a los distintos y siempre muy atractivos personajes del filme.

Horarios

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