El Periódico de Catalunya

11 Abril de 2021

On Barcelona

Kill Bill vol. 1

Imagen de Kill Bill vol. 1

ESTRENO: 24/05/2013

DIRECCIÓN: Quentin Tarantino

REPARTO: Uma Thurman, Lucy Liu, Vivica A. Fox, Daryl Hannah, Michael Madsen, Sonny Chiba...

www.kill-bill.com


SINOPSIS:

Se ha tomado con calma Tarantino su vuelta a los ruedos. Con Kill Bill realiza su particular homenaje al cine de género y de serie. Todo tiene cabida: el spaguetti western, las artes marciales, algo de manga, televisión, cine de terror... Kill Bill es una sopa de géneros e influencias. También es una historia hueca. Sus protagonistas son puros estereotipos y son el humor, las poses y diálogos característicos de Tarantino, los homenajes, el cuidadísimo diseño de producción y el innegable rítmo de las escenas de acción (coreografíadas por Yuen Woo-Ping, Matrix, Tigre y dragón) los que sostienen la película. Concebida como una sola, Tarantino tuvo que dividir en dos Kill Bill ante la insistencia de sus productores (3 horas y pico de celofán se hacían demasiado pesadas). La historia: Black Mamba (Uma Thurman) busca venganza contra Bill y el resto de las Deadly Viper Assassination Squad (DiVAS), un grupo de asesinas a las que pertenecía antes de ser mortalmente traicionada.


Crítica

por Desirée de Fez (El Periódico)

Un disc-jockey utiliza sonidos ajenos, los roba, manipula y recorta para crear algo nuevo. Quentin Tarantino no se dedica a la música, aunque él o sus amigos tienen una discoteca de ensueño a tenor de las canciones, casi siempre olvidadas o desconocidas, que utiliza en sus películas. Tarantino hace cine, claro, aunque su mentalidad es la de un dj, sólo que emplea imágenes ideadas por otros en vez de melodías y ritmos.

Pero hay un matiz importante. Tarantino no se dedica a ensamblar con cierta gracia fragmentos de películas realizadas por los cineastas a los que adora, sino que, con aquellas imágenes en mente, rueda sus propios planos recreando lo que permanece indeleble en su memoria. Su cine, y Kill Bill Vol. 1 (el Vol. 2 se estrenará en el festival de Cannes) es la máxima expresión, es una evocación permanente que va más allá del simple ejercicio de estilo o el virtuosismo técnico. En el arte del reciclaje --una de las cumbres de la posmodernidad cinematográfica--, Tarantino es el rey.

Si Brian de Palma ha organizado no pocas de sus películas a partir de temas, ideas, planos o secuencias enteras de Alfred Hitchcock, Tarantino ha concebido parte de sus filmes a partir de la colisión de las películas y autores más dispares.

Todo haría pensar que Kill Bill --olvidemos ya lo del volumen 1, subtítulo muy musical por otro lado, ya que el director concibió las dos películas, el Vol. 1 y el Vol. 2 como una sola-- es un homenaje al cine de artes marciales.

Pero resulta que hay también en el curso del relato elementos del cine blaxploitation, referencias al cine de samuráis y al de yakuzas, utilización de sintonías televisivas estadounidenses (ni más ni menos que el Ironside de Quincy Jones) y de música de spaghetti-western, no pocas referencias al manga y al anime, y citas a Bruce Lee, no el de Operación Dragón, cruce magistral de todos los cines de acción considerados hace años de derribo, sino al de la serie televisiva The green hornet: los sicarios de Lucy Liu, una de las enemigas de Uma Thurman en el filme, lucen el antifaz que llevaba Lee en aquel serial para la pequeña pantalla.

TREMENDO COLLAGE
Es decir, en Kill Bill conviven los cines de acción orientales con la ética del eurowestern, el cine negro con la cultura de la espada, la memoria audiovisual catódica con la mezcla de texturas y formas de contar: hay una secuencia de animación incrustada en la ficción con actores de carne y hueso que empequeñece los logros obtenidos por Oliver Stone en Asesinos natos.

Un collage tremendo, vigoroso, de enorme agilidad narrativa y robustez visual, en el que Tarantino se implica hasta las últimas consecuencias en la construcción del relato --aunque aquí la alteración temporal no tiene tanto sentido como en Reservoir dogs y Pulp fiction-- y en la elaboración de las secuencias de acción.

Como primera muestra, la pelea que enfrenta a su rubia protagonista, apodada La Novia --aunque antes era conocida como La Cobra--, con otra de sus rivales, llamada Vernita Green y encarnada por Vivica A. Fox. Pura coreografía en las antípodas del estilo más ritualizado de John Woo. Como segunda muestra, la lucha apabullante y sanguinolenta entre La Novia y los citados esbirros del personaje incorporado por Lucy Liu, mejor como villana de postín que como tercer vértice del angelical triángulo de Charlie.

Al fin y al cabo, una de las razones confesas por las que Tarantino ha hecho Kill Bill es para demostrarse a sí mismo que está dotado para realizar las más complejas secuencias de acción sin recurrir para nada a la tecnología numérica. Por eso las rodó personalmente, sin delegar en el tradicional equipo de segunda unidad. Asegura que hacer una película de estas características y permitir que otros rueden los planos de acción es como estar haciendo el amor durante dos horas y dejar que venga otra persona para alcanzar el orgasmo.

Con todo, Tarantino confió las coreografías de artes marciales a Yuen Woo-Ping, maestro consumado en el género: las filigranas de Tigre y dragón y Matrix le pertenecen. Pese a su presencia, Thurman y compañía no desafían tanto las leyes de la gravedad.

CRIMEN Y CASTIGO
La trama es lo de menos. De hecho, Kill Bill es la película de Tarantino más argumentalmente vacía. Un crimen y una venganza. A eso podría reducirse la sinopsis del proyecto. Los personajes carecen de la complejidad de los atracadores de Reservoir dogs y sus dramas personales no tienen la enjundia de los vividos por Pam Grier en Jackie Brown. La estilización de todos los elementos conjurados por Tarantino es muy distinta a la de Pulp fiction.

Sin embargo, todo funciona con precisión casi mecánica, como si Kill Bill fuera un perfecto mecanismo de relojería. La Novia sobrevive a una matanza perpetrada el mismo día de su boda; prometido y familiares fallecen ante la puntería de los asesinos. El repertorio de influencias se amplía. En esta secuencia aparece evocado el nombre de Truffaut: La novia vestía de negro empezaba casi igual.

Después, la heroína del chandal amarillo con la que Thurman ha vuelto al redil de Tarantino tras bailar fogosamente con Travolta y experimentar los rigores de una sobredosis en Pulp fiction, se dedica a luchar contra las mujeres que al mandato del enigmático Bill intentaron asesinarla. Aquí nos vamos a la serie B con supermujeres de protagonistas. Por el medio aparece un forjador de espadas encarnado por Sonny Chiba, un mito del cine de artes marciales, y una mercenaria ataviada de colegiala con la que Tarantino rinde pleitesía al mormo del manga.

Habrá más. La segunda parte, con Samuel L. Jackson interpretando a un nuevo personaje, recalará en Cannes, donde Tarantino ejercerá de entusiasta presidente del jurado. Mientras tanto, toca esperar a ver cómo se resuelve el interrogante que la voz de David Carradine, un Bill invisible en esta primera parte, propone en el último plano de la película.

Horarios

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