El Periódico de Catalunya

Miércoles 14 Noviembre de 2018

On Barcelona

Fahrenheit 9/11

Imagen de Fahrenheit 9/11

ESTRENO: 24/05/2013

DIRECCIÓN: Michael Moore

REPARTO: Documental.

www.altafilms.com


SINOPSIS:

François Truffaut nos enseñó que a 451 grados Fahrenheit ardía el papel, Michael Moore que a 9/11 arde la sociedad americana. Continuando la idea planteada en Bowling for Columbine, Moore analiza los atentados del 11 de septiembre y su cadena de repercusiones bajo la teoría del miedo colectivo que atenaza a la población del pais más poderoso del mundo. El cineasta acusa a la Casa Blanca de manipular al pueblo para su propio beneficio. Más comedido y menos jocoso, Moore le deja el papel de bufón a George Bush, del que traza un duro retrato y no se corta un pelo a la hora de describir las oscuras relaciones de negocios entre la familia tejana y la de Bin Laden. Su espíritu combativo y sentido del espectáculo quedan bien patentes en una visita a Washington donde se sirve de un carrito de helados para dar a conocer a los congresistas la ley antiterrorista que firmaron sin leer y recoge firmas para enviar a los hijos de esos mismos congresistas a la guerra de Irak.


Crítica

por Quim Casas (El Periódico)

Michael Moore ha inventado un nuevo concepto de cine combativo: la película política con palomitas. En su declaración de intenciones sobre Fahrenheit 9/11 asegura: "Cuando empecé esta película, me dije que el público la vería un viernes por la noche comiendo palomitas. Tengo que hacer una película que sea irónica pero que provoque la discusión. Quería hablar de la época en que vivimos y de cómo hemos llegado hasta aquí, y quería divertirme haciéndolo. En esta ocasión, yo he representado el papel serio y Bush ha sido el personaje cómico".

Como declaración de principios no está nada mal. Resulta verificable, ya que los 123 minutos que dura el filme pasan como una exhalación y casi todos podrían incluirse en una antología de la comedia cinematográfica, y define muy bien el carácter de Moore, un cineasta político al que también el gusta pasar por un showman.

La época en que vivimos es, para cualquier estadounidense, la época posterior a los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, y Moore se centra en lo que ocurrió antes y después de aquella fecha. Pero el tema de su filme no es exactamente el efecto, sino la causa. Y para el cineasta, además de Bin Laden y el terrorismo islámico, la causa tiene nombre propio: George W. Bush.

Fahrenheit 9/11 comienza con las irregularidades en las elecciones del año 2000 que dieron la presidencia del país a Bush. Moore dispara directo contra la línea de flotación del político republicano: nada hay más humillante para un mandatario electo que ver cómo arrojan decenas de huevos a su flamante coche el día mismo de la investidura. Esta imagen de archivo, como lo son casi todas las de la película, resulta extremadamente concluyente.

PRESIDENTE EN VACACIONES

Tanto como la información --la película es sin duda muy instructiva en cuanto al manejo del dato fiable-- que se nos suministra poco después: Bush estuvo de vacaciones el 42% de su tiempo durante los ocho meses anteriores al 11-S.

A partir de la colisión de los aviones con las Torres Gemelas neoyorquinas, Fahrenheit 9/11 entra en el terreno reconocible en Moore. El director hace demagogia y manipula, pero su discurso tiene también la fuerza del ácido corrosivo. Explica que la inversión saudí en EEUU es de 860.000 millones de dólares para después montar uno de sus feroces videoclips, en el que vemos a Bush padre y los suyos estrechar manos y sellar pactos con la familia real saudí mientras suena el tema de REM Shiny happy people.

No puede sustraerse a sus capacidades como showman, leyendo por el altavoz de un carrito de helados la ley antiterrorista que los congresistas firmaron sin leer, recogiendo firmas de esos mismos congresistas para que envíen a sus hijos a Irak o ridiculizando por la vía tosca a los miembros de la coalición (ni España ni Aznar aparecen para nada): Holanda queda representada por un porro gigante y Rumanía por el vampiro Nosferatu.

Pero entre tanto jolgorio básico, Fahrenheit 9/11 muestra al Moore más escueto, sobrio, elocuente y subliminal. El atentado a las Torres Gemelas, por ejemplo, está mostrado con la pantalla en negro; sólo oímos unos sonidos absolutamente reconocibles que ya forman parte de nuestras vidas. Y cuando toca meterse con un amigo de Bush, a Moore le sirven las primeras notas del tema de J.J. Cale Cocaine, en también reconocible versión de Eric Clapton, para contarnos de qué pie cojeaba el amigo en cuestión.

Horarios

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