El Periódico de Catalunya

05 Abril de 2020

On Barcelona

A Roma con amor

Imagen de A Roma con amor

ESTRENO: 21/09/2012

DIRECCIÓN: Woody Allen

REPARTO: Ellen Page, Woody Allen, Jesse Eisenberg, Judy Davis, Penélope Cruz

www.altafilms.com


SINOPSIS:

Después de tres películas rodadas en Inglaterra (Match point, Scoop y El sueño de Cassandra) y su aventura barcelonesa (Vicky Cristina Barcelona), todo parecía indicar que Woody Allen daba por terminado su periplo europeo y volvía a su querida geografía neoyorquina (Si la cosa funciona y Conocerás al hombre de tus sueños). Pero nada más lejos de la realidad. Después de evocar distintas épocas del París más bohemio y artístico en la fantasía Midnight in Paris, el director norteamericano acude a la llamada de la ciudad eterna para rodar en sus plazas, calles y callejuelas A Roma con amor, otra mezcla de comedia típicamente alleniana y fantasía construida a partir de cuatro historias independientes que acontecen en la misma ciudad, al mismo tiempo. De nuevo un reparto poderoso, variado, cosmopolita, en el que no falta el propio Allen (en el papel de un cazatalentos musical que tiene que lidiar con un magnífico pero tímido tenor que solo sabe cantar bien en la ducha, lo que da pie a uno de los gags más surrealistas de toda su filmografía), y al que le siguen Alec Baldwin como una especie de oráculo, Jesse Eisenberg, Ellen Page, Judy Davis, Roberto Benigni y Penélope Cruz en su segundo trabajo con el director. Si Penélope es una prostituta romana, talentosa en el contacto físico y disparatada en el chascarrillo antiburgués, Benigni encarna a uno de los más extraños personajes de toda la obra de Allen. Se trata de un oficinista de clase media, anónimo y poco atractivo, que sin razón alguna se convierte en personaje mediático, asediado por prensa y público. Allen ya trató el tema de la fama en Celebrity, su película en blanco y negro de 1998, pero aquí lo convierte en desconcertante espectáculo libre de todo prejuicio narrativo.


Trailer

Crítica

por Nando Salvá (El Periódico)

La última parada en el tour turístico de Woody Allen por algunas de las ciudades más fotogénicas de Europa tiene un aspecto herméticamente bonito –sus escenas están llenas de sol, de encantadoras piazzas y cafeterías, de calles de piedra abrazadas por la brisa–, una banda sonora llena de machacones clásicos del pop italiano y una colección de diálogos que nos aseguran de forma repetida y redundante que Roma es "hermosa".

Asimismo, las cuatro inconexas historias que componen la película parecen por momentos rendir tributo a clásicos del cine italiano como De Sica y Fellini, pero de una forma que se percibe anémica y subdesarrollada. Algunas de ellas simplemente no tienen espacio para crecer, y las otras son meros chistes no especialmente inspirados y estirados a base de verborrea suministrada por personajes unidimensionales que afrontan situaciones pobremente diseñadas.

Contemplando A Roma con amor, uno está tentado de suponer que Allen la concibió después de hacer limpieza en el cajón de las ideas: escogió un puñado de ellas que no le parecían del todo mal y, incapaz de decidirse por una, resolvió usarlas juntas. O que, simplemente, la escribió en la parte trasera de un mantel de papel en una pizzería del Trastevere, justo antes de un helado y una siesta. Y es difícil evitar la sensación de que la insistencia de Allen por producir una película al año conlleva cierto desprecio por el cine. No todos los directores tienen por qué tratar de emular el perfeccionismo de Kubrick pero, ¿es que no hay un término medio?

Horarios

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