El Aviador

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Director:
Martin Scorsese.

Actores:
Leonardo DiCaprio, Cate Blanchett, Kate Beckinsale, Gwen Stefani, Jude Law, John C. Reilly, Alec Baldwin....

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Sinopsis

El Aviador

Biopic sobre la figura de Howard Hughes, El Aviador es un proyecto personal de Leonardo di Caprio, empeñado desde hace años en llevar a la pantalla la vida y milagros del multimillonario playboy y aventurero aereo, una de las figuras totémicas de los años de máximo esplendor de Hollywood. Pasada la borrachera de amantes y records de velocidad, Hughes, que lo tuvo todo --entre otras cosas fue amante de actrices como Jean Harlow, Katherine Hepburn, Bette Davis o Ava Gardner, dirigió películas para los estudios RKO y fundó la compañía aérea TWA--, pasó sus últimos años sólo, recluído en un hotel de Las Vegas, adicto a la heroína y obsesionado por los gérmenes y la suciedad. La historia que dirige Scorsese (en su segunda colaboración con Di Caprio tras Gangs of New York) es pues, además de un viaje al Hollywood dorado (años 20-40), un relato sobre el descenso a los infiernos.

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Crítica

Martin Scorsese detesta volar. Si a la hora de tomar un avión no conoce la previsión meteorológica o si ésta es mala, se queda en tierra. En 1986, no estuvo en Cannes para recoger el premio al mejor director por Jo, qué noche por ese motivo. Puede que El aviador sea su particular terapia. Una terapia cara: 115 millones de dólares, que parecen demostrar su incapacidad para trabajar a pequeña escala. Tras la mastodóntica gestación de Gangs of New York (2002), otro había elegido un trabajo rápido y sencillo. Scorsese no. ¿Por qué? ¿Por qué aceptó el encargo de recrear la vida de Howard Hughes, carismático multimillonario, pionero de la aviación, director de cine y coleccionista de mujeres?

Scorsese es famoso por pasar años alumbrando sus proyectos personales. Para ello, mientras, tiene que hacer encargos que den dinero y le permitan rodar esos proyectos, películas como La edad de la inocencia (1993), Kundun (1997), La última tentación de Cristo (1988) --hechas de espaldas a la taquilla-- y Gangs of New York, a la que tuvo que meter tijera (originalmente duraba cinco horas) porque Harvey Weinstein, capo de Miramax, le obligó.

UNA IDEA DEL ACTOR

El éxito comercial de El aviador está por ver: lleva un mes en cartel en EEUU y su recaudación es discreta, y eso que allí saben quién fue Hughes. En Europa, no. Añadamos a eso que el último tercio de la película no es amable: Scorsese muestra a su personaje encerrado en una sala de proyección, bebiendo leche sin parar y rellenando las botellas vacías con su propia orina. Esta práctica se convirtió en ritual para un hombre cuya fobia a los gérmenes lo llevó a la locura.

Así, El aviador ha permitido a Leonardo DiCaprio mostrar que no sólo es una cara bonita. De hecho, la película es idea suya. La ha estado persiguiendo desde que hace ocho años leyó Howard Hughes: the untold story, de Peter H. Brown, y entendió que aquélla era una de las figuras más influyentes del siglo XX. Le encargó el guión a John Logan (Gladiator), y le ofreció a Michael Mann dirigirlo, que no aceptó, y así cayó en manos de Scorsese.

Hughes pasó los últimos 20 años de su vida recluido en un hotel de Las Vegas, peludo y con uñas de águila, loco perdido. Al morir, en 1976, era un yonqui esquelético y tenía agujas hipodérmicas rotas clavadas en los brazos. Nada de eso, sin embargo, aparece en El aviador. El relato se concentra en los mejores 20 años de su vida, desde que en 1927 --tres años antes, a los 18, había heredado la fortuna familiar del petróleo-- produjo y dirigió Los ángeles del infierno, epopeya aérea --inspirada en El gran desfile (King Vidor) y Alas (William A. Wellman)-- en la que invirtió 5 millones de dólares, y que probó que él era más un maestro pirotécnico que un artista.

En la recreación de la vertiente cinematográfica del magnate, El aviador, además de una biografía, es una carta de amor al Hollywood clásico, el de las miniaturas y el technicolor. Al lado de Hughes vemos pasar a amantes como Katherine Hepburn (Cate Blanchett) y Ava Gardner (Kate Beckinsale), y asistimos a sus peleas con los censores por mantener intacto el escote de Jane Russell en su segundo filme como director, El forajido (1943).

Algunos episodios de este periodo de su vida son ignorados, como el rodaje de Scarface, el terror del hampa (Howard Hawks, 1932) --que él produjo--, su relación con Al Capone, su desastrosa gestión al frente de RKO Pictures y su colaboracionismo anticomunista.

Su otra pasión, claro, fue la aviación. Sólo se sentía a salvo dentro de la cabina del piloto, a salvo de los microbios y de la gente. Dio la vuelta al mundo más rápido que nadie. Compró una compañía aérea, la TWA, para buscarle las cosquillas a Pan Am, y se rodeó de un equipo técnico del tamaño de un ejército, al que exigía esfuerzos sobrehumanos. Y construyó el Hércules, que hoy permanece como el ejemplo más celebre de su ambición. Concebido durante la segunda guerra mundial con fines militares, fue el avión más grande jamás construido --aún lo es--, inicialmente en madera porque durante el conflicto escaseaba el acero. Hughes lo pilotó una sola vez, en 1947, para probar ante una comisión del Senado que el mamotreto no era una tapadera para estafar al gobierno. Hasta aquí llega El aviador.

La película se divide en dos partes: una en la que todo le va bien a Hughes y otra en la que todo empieza a torcerse --Scorsese ya usó esta estructura en Uno de los nuestros (1990), Casino (1995), Toro salvaje (1980) e incluso en La última tentación de Cristo (1988)--. DiCaprio se muestra convincente en ambas: interpretar la locura es una invitación al histrionismo, pero el actor opone una contención encomiable. Es el mejor trabajo de su carrera. No se puede decir lo mismo respecto a Martin Scorsese. El director, es cierto, narra con fluidez y exuberancia visual los triunfos de su antihéroe, pero cuando Hughes empieza a perder el control de su cabecita, lo mismo le sucede a Scorsese con la película.

Nando Salvá (El Periódico)

Esta película no está en proyección.